Salió apresurado de casa, tenía que pagar unos impuestos. Comenzó a llover y huyendo de la lluvia entró en el primer bar que encontró.
Contempló la escena a través de la vidriera, mientras tomaba su segundo café y fumaba su cuarto cigarrillo ( tenía que dejar de fumar de una vez por todas )Siempre quedaba en amague...
La lluvia continuaba como una garrapata acoplada a un perro callejero, consiguiendo que la ropa se pegara al cuerpo, como una segunda piel. La humedad, sumada, a que todavía estábamos al final del verano, se transformaba en una amalgama irrespirable que aplastaba los hombros y casi impedía el caminar. Las calles anegadas y los coches que sin piedad, salpicaban a los apresurados transeúntes hacía difícil caminar por las aceras mojadas y resbaladizas.
¿A dónde va la gente cuando llueve, se pregunta curioso ? Todos parecen tener un destino definido pensó, mientras garabateaba una de las servilletas de papel, que el mozo había dejado sobre la mesa y miraba distraído las piruetas de los que pasaban procurando esquivar la el agua y guareciéndose bajo las cornisas. Notó que nadie llevaba paraguas, eso que el cielo amenazaba mal tiempo desde el amanecer. No encontraba la razón para no salir prevenidos ¿les gustaría mojarse?. No hacía frío pero la ropa húmeda no resultaba muy agradable. Es cultural, se dijo, la gente no le gusta ir cargada con algo, que solo sirve cuando se necesita y no sabe cuando lo va a necesitar, sobre todo con el loco clima que tenemos. Pensó lo diferentes que son las costumbres en los distintos países. En París, en Madrid o en Roma nadie iría desprevenido en caso de amenaza de lluvia, nadie saldría sin su paraguas, ni suspendería sus citas solamente por en amago de un cambio de tiempo. Y no digamos del neblinoso Londres, donde el paraguas forma parte de la elegancia de un buen vestir. Desde luego que aquí, no es lo mismo, somos más cómodos, más prácticos y total como tampoco hace mucho frío, se puede aguantar una “ mojadina” de vez en cuando. Por otra parte no son frecuentes, ¿para que llevar algo que sirve de estorbo siempre, y se usa solamente alguna vez?. Los argentinos somos más prácticos, filosofó..
Sobre la mesa de al lado, había quedado olvidado un diario Clarín. Como era fanático de las claringuillas lo tomo. No le interesaban las noticias, total serían las mismas de ayer ¡siempre era igual!. Comenzó a leer por la última página. Lo que mas le gustaba era Matías, siempre quedaba asombrado de la sicología aplicada de la madre. Seguro que el que escribe es padre de familia, pues realmente conoce los recovecos del grupo familiar. Era sombroso tener tanta imaginación diciendo en pocas palabras lo que a veces lleva una vida sacar en conclusión…Alguien había completado el crucigrama, pero no tuvo ganas de repasar el diario.
Siguió contemplando la calle y notó que había dejado de llover. Sin darse cuenta, distraído había estado haciendo garabatos sobre una servilleta de papel. En el fondo blanco, una serie de trazos desperdigados en todas las direcciones, había dibujado un ojo atravesado por un paraguas cerrado, como una lanza. Quedó sorprendido por la imagen ¡hay que ver lo que hace el subconsciente! y ahora si, conscientemente escribió sobre el dibujo: “no me gusta la lluvia en la ciudad, simplemente ensucia las calles y los bordes de los pantalones” Un fastidio y un asco". Egoístamente pensó, la lluvia para el campo, en la ciudad solo sirve de molestia.
Tal vez compre un paraguas. Si hubiera tenido uno quizás no hubiera fumado tantos cigarrillos, pues no habría parado a tomar café. Tengo que dejar de fumar se volvió a repetir, La tos comienza a molestar, sobre todo en un día como el de hoy. Lo tomaré en serio esta vez… Esta vez si.
La lluvia había cesado. Recordó la consigna de esa mañana, pagar unos impuestos. Abonó su cuenta y salió apresurado en dirección al banco, procurando no pisar los charquitos.
martes, 2 de octubre de 2007
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